Uno de los grandes desafíos que enfrentan los seres humanos para ser felices y lograr un desarrollo armónico en pareja, es el poder mantener una relación estable y satisfactoria en el plano amoroso. En ese sentido, observamos de manera cotidiana que existe un malestar cultural postmoderno que viven hombres y mujeres adultos jóvenes, ya que, desde el punto de vista psicoanalítico, teórica y clínicamente prevalecen en la actualidad los “vínculos amorosos narcisistas”.

Al respecto, en este trabajo describiré, las principales facetas de la personalidad y de los vínculos amorosos narcisísticos en la actualidad, se esbozarán líneas interpretativas y manejos terapéuticos de sus actuaciones inconscientes y se señalaran algunos aspectos socioculturales que determinan en mucho el desencuentro amoroso y lo complejo de los conflictos intrapsíquicos e intersubjetivos que llegan a la consulta psicoanalítica de pareja.
Quisiera empezar mi presentación comentando que uno de los motivos de consulta psicológica más frecuente en la actualidad son los relacionados a las decepciones amorosas que sufren los enamorados y de los problemas en la convivencia en las relaciones de pareja que recién se establecen. También acuden con frecuencia adultos jóvenes, hombres y mujeres exitosos en el trabajo pero que tienen dificultades para iniciar y/o consolidar una relación amorosa, acuden los que padecen experiencias dolorosas y angustiantes alrededor de una o varias experiencias de infidelidad en sus búsquedas del amor o las típicas rupturas amorosas repentinas, repetidas e incomprendidas generalmente por los involucrados.
Estas problemáticas se reflejan tanto en la atención individual, como en las terapias de pareja, familiares y en los grupos terapéuticos. En ese sentido, las personas llegan a la consulta resentidas, deprimidas y con intensas vivencias de vacío y pérdida, ansiedad y de devaluación personal porque no son correspondidas afectivamente, llegan también los que recién han terminado una relación amorosa que los deja con vivencias de desamparo y fracaso sentimental, están los que vienen sufriendo culpa y vergüenzas debido a fuertes sospechas de infidelidad o en donde ya existen o se descubre relaciones paralelas dentro de la relación de noviazgo o matrimonial, relaciones en donde ocurren embarazos no deseados e hijos producto de relaciones fuera de la pareja, acontecen rupturas amorosas fallidas con múltiples separaciones, intentos de regresar y tratar de sacar adelante la relación con muchas ambivalencias y desconfianzas mutuas y en donde generalmente, finalmente sobreviene la separación, quedan las madres solteras, separaciones y divorcios de parejas con hijos pequeños, etc., etc., todo producto de relaciones tormentosas y desgastadas, en pocas palabras, relaciones muy «enfermantes» y violentas.
Ahora bien, quisiera puntualizar en este momento que el “narcisismo” es un concepto relacional desde la vertiente psicoanalítica tradicional. Inicialmente hace referencia al vínculo primario del bebe con la madre, en donde todo atraviesa en un primer momento por la mirada, o sea, por el reconocimiento del Otro, y luego por el encuentro con el Otro a través del lenguaje. Al respecto, el ser humano nace y se organiza psíquicamente de la relación de dos personas, en ese sentido, el desarrollo psico-emocional, es un continum evolutivo desde la relación sin conciencia de diferenciación del Otro, hacia una relación conscientemente diferenciada.
La “persona narcisista” conceptualizada por Freud como la imposibilidad de vincularse con otro objeto distinto del yo (en Introducción al Narcisismo, 1914), se distingue desde el punto de vista clínico por tipos de relación presididas por la soberbia, la arrogancia y la altanería, tres rasgos que son la expresión manifiesta de la sobrevaloración o idealización de propio Yo ó el Self. A esta tríada, de soberbia, arrogancia y altanería, expresión de un “Yo grandioso” Kohut (1971), le acompaña y le complementa una actitud de desprecio y devaluación de las demás personas.
Al respecto, las últimas aportaciones para la comprensión de la dimensión del narcisismo y las relaciones narcisísticas, se detienen en el impacto de la Teoría de las Relaciones Objetales en donde dichos autores cuestionan la idea de Freud del narcisismo primario, que abogaba por la patología narcisista no como fijación a una grandiosidad infantil normal, sino, el narcisismo como un despliegue compensatorio por una decepción temprana en la relación con la madre o los objetos significativos de la primera infancia. Destacaríamos a autores que resaltaron la función materna de contención (Bion, 1967), la función de sostén (Winnicott, 1960) y espejeo (Kohut, 1968), ideas que se aplican al tipo de intervención psicoterapéutica necesaria para con las personas con trastorno en su sentido del yo y del Self, o sea, en su narcisismo, en donde predominan sentimientos de vacíos y grandes necesidades de afecto.
Con el desarrollo de estas ideas se llegó a ver claro que la personalidad abiertamente grandiosa, era solo una forma de “trastorno del Self”, y en la actualidad se reconocen muchas y diferentes manifestaciones de dificultades en la identidad y la autoestima, aspectos que hacen alusión directa a las personalidades narcisistas.
En los “vínculos narcisísticos”, se debaten dos tipos de personas narcisistas. Siempre que me refiera a “narcisistas”, me refiero a ellas o ellos, personas con rasgos, actitudes, poses, defectos o con ya el trastorno de personalidad narcisista, propiamente dicho. Es oportuno destacar a esta altura de mi escrito, que el “narcisismo”, tiene dos formas de expresión. Por un lado, estarían aquell@s personas que muestran un narcisismo exaltado, y por el otro, aquell@s que se muestran con un narcisismo empobrecido. En este sentido, las (los) “narcisas(os)” exaltadas(os), son los que se desempeñarían de manera “egocéntrica”, abusiva y con predominio a desplegar sus dotes personales de manera falsa y exagerada. Las personas, con un “narcisismos empobrecido”, se manejaran desde un auto-concepto pobre, débil y devaluado, visto generalmente a través de una baja autoestima y fuertes necesidades de dependencia emocional y de ser valorados afectivamente, por parte de los otros.
Valga la precisión también en este momento, de que, muchas veces el o la narcisista es ambivalente y voluble en su funcionamiento psíquico y vincular, de allí lo complejo de su vida relacional, ya que generalmente viven en la alternancia de expresiones de poseer un narcisismo exaltado y/o un narcisismo empobrecido y necesitado, a la vez.
El caso que quiero compartirles seguidamente es la viñeta de una secuencia relacional en donde podremos apreciar el “vínculo narcisista” en los miembros de una pareja.
Se trata de un adulto joven de 34 años que va a verme porque comenta que está muy deprimido por la muerte trágica y repentina de un hermano recién hacia un año. No había terminado de hacer este planteamiento, cuando de una vez comenta que: “me siento solo y mi vida no tiene sentido porque no tengo novia”, sic., agrega que: “él quiere una relación bien y duradera, pero no sabe porque sus relaciones no prosperan”. Prosigue y dice: “que quisiera saber en qué está mal, y que ya no quiere salir con chicas sólo por salir y tener sexo, sin ton ni son” sic.
Relata inmediatamente su último intento de romance, secuencia que es la condensación de múltiples intentonas de acercamientos sentimentales recientes con chicas. El previo fue, que la señorita con la que sale, la conoció en el pasillo el último día que ella laboraba en la empresa donde él trabaja. Se gustaron, luego de unos días se saludaron por Facebook y zas…., le impresionó de entrada la foto de perfil en donde ella mostraba poca ropa… (“calzón cachetero”, sic.) y pensó inmediatamente…, “esta debe ser una cabrona” sic..
Se citaron una tarde para ir a la plaza comercial y al cine. Ese día, él se desconcertó porque ella se la pasó toda la tarde en el celular y él, aunque hacía intentos de platicar cualquier “bobada”, ella “se hacía la diva texteando”, sic. Ya transcurrida la tardeada, luego de que se queja amargamente de que le pago las palomitas y el cine, y luego de unas cervezas, el entra en malestar, por lo que el también decide dejarla como “mopet”, o sea, sola por largo rato en la mesa, y se va a pajarear al baño y de paso a una que otra boutique de los alrededores.
El encuentro evolucionó entre poses de seudoindeferencia de él y/o de ella, uno que otro beso sin más en el cine y pasillos de la plaza, en un momento él le pregunta por qué se portaba así de “indiferente”..?, sic., a lo que ella le contesta “que le estaba probando” sic., motivo por el cual él “ardido”, le dice “que allí quedaba todo”. Luego de quererla mandar a la goma rápidamente y de ofrecimientos de que él la regresaba (de manera cortés supuestamente) a su casa, finalmente la despacha a casa en un Uber.
Luego de esta secuencia, antes de despedirse los “narcisos”, él no sabía cómo apretar la tecla de su “interés preponderantemente sexual” abusivo, por tanto, intuye que ella igual iba a engancharse y sin más, “le suelta a boca de jarro” temas sexuales, a lo que ella, le sigue la corriente y le comenta “que estaría padre y chido que sólo se vieran para sexo” …sic. La despedida, -muy violenta, por cierto-, fue de que él le mete la mano debajo de su ropa interior y ella se despide, “airadamente”, con un “te tengo”, claro desplante arrogante de esta señorita, el cual se engarza complementariamente con lo altanero de su galán, dando origen al vínculo narcisista entre estos “dos supuestos enamorados”. Tema de otro trabajo, será este plano retador narcisista, porque sucede que con frecuencia en la consulta con jóvenes mujeres, se analiza lo repetitivo y traumático que resulta, el regreso a casa de una chica, luego de frecuentes secuencias de escenas como esta en sus vidas románticas.

¿Bueno y que hacen estos “jóvenes amorosos” juntos?, pues los tiene atrapados y engarzados, un vínculo narcisista. Lo que podemos observar en este tipo de encuentro (repetitivos y fallidos en muchos adultos jóvenes), es la gran dificultad que tienen en la actualidad los jóvenes de relacionarse afectivamente, al no poder entablar un buen nivel de cercanía en donde no se agresivice el encuentro, generalmente desde posicionamientos y pugnas de género. En consulta es frecuente que los hombres expresen “lo golfas que son las mujeres”, (clara proyección de los hombres hacia las mujeres la mayoría de las veces) y las chicas, por otro lado, manejan el discurso de la “poca astucia de los hombres para arreglárselas con las mujeres”, intercambios que inmediatamente, mete en desafío a los recién conocidos por demostrarse quién es mejor, socioeconómicamente, sexualmente y hasta moralmente.
Generalmente los hombres funcionan desde el desplante narcisista de ser los “machos alfa” de la tribu, por tanto, a toda costa están ante el reto de conquistar, poseer y controlar al número de mujeres que más se pueda, en veladas de encuentro para diversión y ligue. Complementariamente, las mujeres adultas jóvenes, están ante el dilema de cómo satisfacer sus necesidades de diversión, afecto y proyectos de mujer con intereses de una convivencia amorosa sana, sin que se le aparezca el fantasma de ser o tener que ser entre: “niña modosita”, por un lado, ó “sacar las uñas” y plantarse como mujeres con deseos y pensantes que demandan negociar el tipo de relación amorosa que desean tener.
Aquí, generalmente el hombre se torna desde su narcisismo, abusivo y, la mujer en el afán y necesidad de reivindicar su femineidad se torna defensiva, cayendo ellas, en “el ser también mujeres de muchos hombres”, con la consecuencia de perder prestigio a los ojos de los hombres, que se sienten amenazados y en riesgo ante mujeres “colmilludas”, (así se expresan de ellas), a las que viven muy fálicas y por tanto, peligrosas.
En relación a la salida frustrada de estos jóvenes postmodernos, ocurre que las personas cada vez más recurren a soluciones rápidas y fáciles para resolver cualquier desavenencia en sus primeros desencuentros. Es oportuno destacar que, con poco, los recién conocidos que intentan algo más que una relación amistosa, a la menor provocación desisten de cualquier intento de compartir con el otro sus necesidades personales, por temor a no ser aceptados (as) y/o correspondidos (as). De allí que las relaciones sentimentales sean fugaces, con repetidos intentos de lograr cierto nivel de intercambio, generalmente cayendo ambos, hombres y mujeres, en el círculo vicioso de intentar apaciguar las tensiones de las relaciones iniciales, con soluciones fallidas, por ejemplo, dando “picones”, o sea, provocando celos, haciéndose los habilidosos sexuales o agresivizandose el romance a la primera, a través de conducta sexual impulsiva y desafectivizada.
Si bien es cierto, el narcisismo es necesario para la formación de la propia identidad, la necesidad de exhibirse y ser reconocidos existe más en estos tiempos, ya que los desarrollos tecnológicos hace que se necesite menos de los otros y aunque ese “amor de cada uno consigo mismo” es una característica normal, se concuerda en que está acentuada en los jóvenes e incluso tiñe a toda la sociedad y en ese sentido, se trata de un narcisismo ligado a “pasarla bien” en el presente, sin vinculaciones estables con los demás. Hoy en día, los adultos jóvenes bien educados e insertos en el mercado laboral coinciden, en términos generales, en considerar que su construcción como sujetos socialmente autónomos, es una prioridad, con respecto al establecimiento de relaciones amorosas transformadoras y que evolucionen hacia su consolidación. (Ben-Ze´ev, 2004)
La lista de factores que inciden en el aumento del narcisismo está directamente relacionada a lo que se ha dado en llamar las últimas cuatro décadas a la “cultura del narcisismo”, (Lash, C., 1979), al crecimiento desmedido al apego a las nuevas tecnologías, a la competencia despiadada entre los géneros y a la concentración en la satisfacción de placeres inmediatos e individuales. El adulto joven registra menos las necesidades de los demás y las tecnologías reemplazan a las personas.
La viñeta que acabo de presentar tiene como común denominador, la presencia de la agresión y la desconfianza en el centro de la relación afectiva, siendo este afecto el que predomina en la dinámica de las parejas jóvenes desde los inicios, muchas veces. La explicación teórica de estos aspectos descriptivos que acabo de referir, nos lleva a la consideración de la presencia de rasgos o el trastorno de personalidad narcisista, en las que las fallas en los vínculos objétales tempranos han impedido o bien, afectado la integración de impulsos y la consecuente neutralización de la agresión por la parte libidinal y/o amorosa, así como fallas en la posibilidad de mantener constancia objetal, o sea, relaciones sanas y estables.

Todo esto, en síntesis, se traduce en vínculos inseguros y cargados de agresión pregenital la cual se expresa en demandas (orales) de afecto a través del sexo impulsivo, vínculos los cuales se complejizan a través de los celos, la desconfianza, el control obstinado, la indiferencia y la devaluación del otro. Así las cosas, estos vínculos van a oscilar entre la idealización del objeto, al que se le confiere el poder de prestigio y de satisfacción emocional propia, con una tremenda ansiedad de pérdida ante cualquier desencuentro, y que de manera natural es esperable, pero que se vive como amenaza de pérdida o fracaso, provocando descontrol, desorganización e ira incontrolable en los amorosos implicados.
En el caso que acabo de presentar, la agresión actuada es vivida como sensación de poder. Lo que se observa en esta salida a la plaza, es el predominio de la agresión pre-edípica no neutralizada en este galán, la que se actúa de manera complementaria desde la parte “sexosa” de esta jovencita a través de la agresivización del vínculo, con el “te tengo”. Amar y odiar se confunden, amar puede ser controlar, poseer, lastimar, maltratar y humillar, pero de parte de ambos, ojo.
En esta misma línea de ideas, experiencias emocionales tempranas y repetidas de poco fortalecimiento emocional o recientes vivencias de vulnerabilidad y traición en los vínculos amorosos, impiden precursores de un superyó sano en estas personas, dígase, una conciencia de respeto considerado hacia el otro y/o la otra, por lo que el sujeto oscila entre exigencias hacia la pareja de cercanía que se vuelven persecutorias, formas de convivencias que en ocasiones despiertan vivencias de atrapamiento. Así mismo, se observa la necesidad de dominio del otro como una prueba de amor, lo que les impide tener la experiencia de una relación relajada, libre y de transformación mutua.
Una de las líneas interpretativas en la que debemos hacer énfasis en nuestros tratamientos, es con aquellos pacientes que simulan afecto e interés sólo cuando les conviene y una vez cubiertas sus necesidades impulsivas generalmente, adoptan la actitud de desapego y devaluación del otro(a) que los caracteriza. Ninguna persona se merece ser utilizado(a), rechazado(a) y/o devaluado(a), pero el evitarlo no es responsabilidad de quien lo actúa, sino de cada uno de los involucrados que lo permiten en este tipo de vínculo narcisista. Puntuación, … y aquí destaco, que un cierto tipo de vínculo sado-mazoquístico es alternante, intercambiable y circular en los amantes. Hay que comprender e interpretar en sesión, las motivaciones inconscientes por un lado de las necesidades de abuso y explotación al otro y complementariamente, la necesidad de ser víctima y mantenerse en los vínculos desventajosos y violentos.
El trabajo interpretativo con este tipo de personas plantea también trabajar la transferencia negativa muchas veces desde el inicio del tratamiento, que va de la idealización del terapeuta como un intento de manipulación, a la devaluación de su persona y sus observaciones la cual se expresa en un constante ataque a su pensamiento a través de rebatir y cuestionar cualquier intento de señalar los conflictos intrapsíquicos y/o en el vínculo conflictivo en estas personas.
Lo que parecen tener en común todas las personas narcisistas es un sentimiento interno terrorífico de insuficiencia, vergüenza, debilidad o inferioridad. Sus conductas compensatorias pueden ser diversas, pero revelan preocupaciones para encubrir estos aspectos.
Para terminar, otra de las inercias que encuentro en estas parejas con rasgos o actuaciones narcisistas, es la tendencia que tienen a aferrarse a lo pobre y tanático del vínculo que comparten, siendo así que, estar bien se vuelve muy complejo. Al respecto, Kernberg (1979) plantea “la perversidad del placer” en la que eros y tanatos se mezclan para dar lugar a la sexualización de un vínculo violento. En ese sentido, en las relaciones narcisistas, la pareja tendría que reconocer que sus aproximaciones violentas, las seudoerotiza, o sea, lo nefasto, muchas veces lo quieren tornar, romántico.
Termino con la siguiente reflexión en torno a los vínculos narcisísticos:
“Una de las decisiones más difíciles en la vida amorosa es elegir, si vale la pena intentarlo un poco más o tienes que alejarte”.
*Trabajo leído en el XIV Congreso de la AMPAG. Inconscientes Postmodernos . CDMX. 22 de Nov. 2020.
**Jaime A. Castrellón Díaz, Maestría y Estudios de Doctorado en Psicología Clínica, UNAM. 1989. y Analista de Grupo, AMPAG. 1997.
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Bibliografía
Ben-Ze´ev, A. (2004) Love online. Emotions on internet. Cambridge, Inglaterra. Camb. University Press.
Bion, W.R. (1967) Second thoughts. London: Karnac.
Kernberg O. (1979) Desórdenes fronterizos y narcisismo patológico. Barcelona: Paidós Ibérica.
Kohut, H. (1971) The analysis of the self: A systematic approach to the psychoanalytic treatment of narcissistic personality disorders. New York: International Universities Press.
Miller, A. (1975) Prisoners of childhood: The drama of the gifted child and the search for the true self. New York: Basic Books.
Mitchell SA, Aron L. (1999) Relational Psychoanalysis: The Emergence of a Tradition. New York: Routledge.
Winnicott, D.W. (1960). The theory of the parent-infant relationship. International Journal of Psychoanalysis, 41, 585-595.
