El presente trabajo abordará desde la perspectiva de la teoría psicoanalítica y de las configuraciones vinculares los dinamismos patológicos del vínculo que establece el hombre codependiente con su pareja. Intento describir como debido a déficit narcisísticos durante la infancia se estructura un yo débil, voluble y dependiente en estos hombres que complican sus posibilidades de relaciones sanas con las mujeres.
Los orígenes de los temas sobre «codependencia», se remontan a los años de 1950, cuando en la literatura sobre alcoholismo se hacía referencia a las esposas de estos enfermos, como «co-alcohólicas». Posteriormente, en los setentas, con la proliferación de las «dependencias a sustancias químicas» el término se transforma y a las personas vinculadas en el plano emocional a dichos adictos se les comenzó a nombrar «codependientes». (Crothers y Warren;1996)

Si bien es cierto, que el uso del término de codependencia o codependientes, se ha circunscrito al ámbito de las adicciones y más recientemente, a las dependencias relacionales dentro de las parejas, precisaría que: «el o la codependiente, es aquella persona que sufre de ansiedades, tristeza, enojo, confusión mental y trastornos psicosomáticos entre otros, debido a una fuerte dependencia emocional y vida conflictiva con el enfermo adicto. Ahora bien, el padecimiento se ha extendido ya que la codependencia abarca tanto a los que se relacionan con los que usan cualquier tipo de sustancia tóxica al organismo, como a los que se vinculan con personas que presentan algunas tendencias obsesiva -compulsivas al trabajo, al juego o a las compras, al sexo, ante la comida y/o que tienden a relacionarse con los «adictos» a las relaciones destructivas». (Castrellón, J. 2002).
Al respecto, poco se ha escrito en relación a la codependencia en hombres, haciéndose siempre el énfasis de este padecimiento en las mujeres. Ahora bien, tendría que mencionar que tanto a nivel de los tratamientos individuales como en los grupales, la atención a los hombres es menor debido a que el malestar psicológico en los hombres no está valido por cuestiones socioculturales y de género, y justamente, cuando estos se presentan a consulta, sufren por lo general, en algunas de sus facetas de lo que se ha dado en llamar «codependencia».
Según la literatura especializada sobresalen en las personas codependientes:
- La presencia de disturbios emocionales expresados en fragilidad yoica, dependencia emocional y sentimientos de ansiedad, enojo y tristeza;
- Daño narcisístico reflejado en baja autoestima, sentimiento persistente de vacío, temor al abandono y fuerte necesidad de reconocimiento externo. Poseen también:
- Dificultades en las relaciones interpersonales por la dificultad en marcar límites, la aceptación de conductas destructivas y de maltrato físico y/o psicológico y por ser aferrados(as), celosos(as) y controladores(as). (Beattie, 1990; Cantú, 1995; Kalina, 1995; Crothers y Warren,1996).
Curiosamente, si tomamos en cuenta el párrafo anterior, a la consulta no llegan los hombres por fragilidad yoica, llegan por ser explosivos, distantes o egoístas con sus parejas. Ninguno osa, tan fácilmente como es el caso de las mujeres, de padecer con una baja autoestima, para nada- más si por el contrario, ellos esgrimen desplantes de que todo marcha bien en sus vidas, poco sufren de vacíos emocionales ya que generalmente «se curan» la inseguridad y sus pesares a través de la prepotencia, la tendencias a la impulsividad, mediante la evasión con amigos, «el trabajo», el alcohol y la sexualización de sus vínculos. A donde voy con estas observaciones, a que no se diagnostica y/o se trata tan fácilmente en la consulta con hombres, sus aspectos codependientes.
Son múltiples los autores que encuentran en el seno familiar disfuncional, los factores determinantes que predisponen el desarrollo de la conducta o personalidad codependiente en la adultes. (Cermak, 1986; Cooper, 1995; Irwin, 1995; Hinkin y Kahn, 1998). Cuenta en estas familias una niñez triste, enfermedad psicológica en los padres, fuertes y continuos traumas que incluyen abandono afectivo, separaciones múltiples de los padres, los divorcios, el maltrato físico, psicológico y el abuso sexual dentro de la familia, prácticas de crianza violentas y erráticas, problemas de uso de alcohol y drogas en sus miembros y tambien familiares que ya padecen de y/o actúan los patrones codependientes. Asimismo frecuentemente hallamos durante la infancia padres violentos y distantes, madres abandonadoras y sometidas, hecho que hace que el niño(a) no tenga de donde «agarrarse» y/o nutrirse afectivamente.
K. Horney (1950), identifica en los «dependientes mórbidos», una temprana descripción de lo que en la actualidad es conceptualizado como codependencia, datos clínicos en donde describe que estas personas están «compelidos o empujados a una total entrega a los otros», padecen de una intensa «ansia de encontrar unidad a través del fundirse con un(a) compañera» y tienden a «perderse en el otro» (Horney, 1950, pág. 157). Aclara que conductualmente estos impulsos tienden a caracterizar la parasitación hacia el otro, las relaciones simbióticas, la autodestructividad y la urgente necesidad de recibir aprobación de las demás personas.
Horney teoriza que la dependencia mórbida se desarrolla en el niño como una defensa contra la influencia parental adversa que se expresa a través de la coerción, la impredecibilidad, la intimidación, actuaciones de dominación, sobreprotección y la indiferencia materna-paterna o ambas, condiciones estas que exacerban la inseguridad, el aislamiento y el miedo en el niño. Como resultado el niño sufre una pérdida en la habilidad para expresar sus deseos y la fortaleza interna para determinar su propia vida.
Cermak (1991a, 1991b) por su parte ha planteado una relación entre codependencia y el desarrollo del narcisismo (de la autoestima). De acuerdo a este autor, ambas la codependencia y el narcisismo surgen en la niñez temprana debido a procesos de «espejeos defectuosos»: las personas narcisistas se relacionan buscando aspectos de ellos mismos en los otros. Los codependientes, también buscan relacionarse con otros para ser espejeados. En ese sentido el origen de la codependencia y el narcisismo involucran defectos en el espejeo, en este caso, por parte de los padres, lo que ocasiona en el adulto necesidades de ser mirados, aceptados, valorados y de ser necesitados por los demas.
Haciendo una reflexión teórico-clínica en torno a la codependencia, tendríamos que por cuestiones de asignación de roles según los géneros y aspectos culturales, la codependencia en el hombre, se expresaría de diferente forma con respecto a las mujeres, por ejemplo y solo me referiré a dos conductas típicas: el rol de proveedor y las actuaciones de infidelidad en el hombre codependiente. Desde la perspectiva psicosocial a las mujeres que «sacan a sus casas e hijos adelante, que toleran a un hombre alcohólico o uno más medido, (pero adicto en el fondo, al trabajo o a las mujeres), autoritario e indiferente, se le ha llamado clínicamente, «mujeres codependientes».
Cuando el hombre «saca adelante a la familia», padece una relación con una pareja mujer adicta a las relaciones destructivas por colérica, tiene una que otra adicción «light» (tabaquismo, trabajadora obsesiva en el hogar o en el afuera, que es adicta al juego y/o al café, y/o a la televisión, algo compradora compulsiva o comelona), no se le dice codependiente, sino que es un «buen hombre y proveedor».
En ese sentido, muchos hombres son utilizados y hasta explotados (como la codependiente), cuando se han vinculado con quienes se han posicionado en la filosofía de vida de que «el hombre es el proveedor», indicio para tomar en cuenta de que hombres «muy proveedores», también pueden ser «muy codependientes». Así, muchos hombres en la actualidad, presionados psicológica y socialmente por el ideal masculino de protección y bienestar familiar, se acostumbran y se convencen de que «ellos son los que siempre tienen que dar», cueste los que cueste (infartos al miocardio, trastornos gastrointestinales, insomnio, disfunciones sexuales, entre otras), y por ser además «dependientes-activos», o sea, hombres con abandonos, carencias y vacios emocionales, pero muy dadores y expléndidos, tienen dificultades para recibir y se les dificulta invertir esta tendencia en las relaciones amorosas con las mujeres.

En esta misma línea de ideas, el hombre codependiente presenta una hepertolerancia al desgaste físico y emocional y tratando de ser «buenos siempre», son «adictos al trabajo», «salvadores» de la empresa donde trabajan, son excelentes esposos, papás y extensivamente buenos hijos y hermanos, son los que mantienen a sus padres, suegros , algún hermano(a), sobrinos, a uno que otro cuñado y hasta a ahijados(as).
En el ámbito de la familia, los hombres codependiente suelen ser padres controladores y ven a sus hijos(as) como una extensión de ellos, por tanto se empecinan en querer decidir lo que es mejor para ellos(as) (que deben estudiar, como deben vestir, con quién se deben relacionar y de quien se deben enamorar). Como resultado de este tipo de crianza, observamos posteriormente rebeldía adolescente, o a adultos inseguros y devaluados o con coraje reprimido hacia las figuras paternas, lo cual se puede manifestar en comportamientos auto destructivos, que muchas veces lleva a que el hijo(a) sea pasivo-dependiente, repita patrones codependientes en su vida adulta o desarrolle un trastorno adictivo, y/o vínculo codependiente, entre otros padecimientos psicológicos en hijos de personas codependientes.
Por otro lado, debido a sus rasgos pasivos y devaluados, cuando un hijo(a) está «activo(a)» en la adicción, al padre codependientes se le complica diferenciar su función paterna sana, de actitudes codependientes, por lo que en ocasiones confunden el rol de apoyo moral necesario y funcional en la crianza de los hijos, con sobreprotección, o se previenen de no caer en codependencia, descuidando (evitando) sus funciones. Así están: «los que no meten la mano» y los que «se hacen de la vista gorda» ante las adicciones, delegando toda la responsabilidad de la crianza en la madre u otros parientes cercanos o a las instituciones.
Posteriormente, si la persona tiene mucho resentimiento debido a la sobreprotección de los padres, visualizará en su cónyuge a una persona que desea controlarlo, lo cual lo llevará a dificultades para la intimidad en la relación. Por otro lado, pueden apegarse también excesivamente a cualquier persona que les brinde amor, o lo que ellos piensan que puede ser el amor (por ejemplo: llamar por celular a la pareja unas 15 veces al día). Por otro lado, he visto personas irse al otro extremo, al no haber tenido amor llegan a temerle a la cercanía afectiva y viven la vida evitando involucrarse en relaciones sentimentales.
Pasando al rubro de cómo se configura la infidelidad en los vínculos de pareja, «pareciera» que los hombres, desde sus historias de maltrato y abandono infantil, no están carentes de afecto, a ellos solo «les gana la hormona», supuestamente, sin embargo, frecuentemente relacionado a sus búsquedas de intimidad impulsiva, o sea, «apapachito» con la primera mujer que se les ponga enfrente, observamos un mero aferramiento y un hombre hambriento de afecto, como es el caso tambien de las mujeres codependientes. Frecuentemente plantean: «ella me sedujo y yo me deje atrapar», algunos disfrazan el asunto de su codependencia, diciendo que son: «hombres fáciles», y que les gusta ayudar mucho a las personas necesitadas.
Ya en el matrimonio, adoptan el rol de perseguidores y demandantes de atenciones y fidelidad. También pueden aferrarse a parejas que le manifiesten y demuestren, casi incondicionalmente, admiración u aprobación , o sea que, se da un encuentro de narcisismos maltrechos, por necesidad de resarcir autoestimas vulneradas en ambos miembros de la pareja desde sus historias de vida. Ahora bien, las dificultades que tiene el hombre codependiente de intimidad, o sea, de poder comprometerse con la pareja, crecer y transformarse en el vínculo amoroso y de tener la fortaleza de consolidar un proyecto creativo adulto de pareja, se debe a que el ideal de mujer para un hombre que es codependiente, es una mujer rescatadora, cosa que hace que estos hombres se desilusiones rápidamente de sus parejas y regresen con su amantes, con sus mamás y se protejan del compromiso a través del «donjuanismo», o de pronto tambien, casi que haciendo muchas veces, «servicio social como salvadores» de mujeres desvalidas y necesitadas.
En consulta, el vínculo codependiente patológico dificulta la toma de conciencia en los miembros de la pareja en cuanto al deterioro y el pronóstico pobre sobre su situación. Al explorar más detenidamente estas resistencias, a menudo se encuentra que buscan soluciones rápidas y cambios en el otro; no se adhieren al tratamiento, ni siguen las indicaciones psicológicas, adoptando comúnmente actitudes de manipulación a través de mostrarse débiles, pero controladores y nerviosos, pero obstinados y agresivos a fin de que no se aborde la simbiosis patológica (su codependencia), no se toquen sus fallas caracteriales expresadas en incomunicación, agresión física, emocional y actos de infidelidad, entre otros.

Existen también los trastornos duales en los codependientes y un subtipo clínico narcisista caracterizado por parasitismo sociopático, expresado en el ser estos hombres explotadores, encajosos y utilitarios con las mujeres, tambien por la búsqueda (casi compulsiva- adictiva) de sensaciones y placeres extremos a través de las drogas, el juego y las relaciones sexuales impulsivas con múltiples mujeres. Manejan también la manipulación sistemática, egoísmo y el egocentrismo, que se manifiesta a través de la violencia doméstica al instaurar un aislamiento social progresivo hacia la pareja, intimidación y/o coerción económica hacia la pareja.
Algo que es importante destacar dentro de la atención al codependiente , es el hecho de que la comprensión del problema por parte del afectado no equivale a querer solucionarlo, ya que lo que determina el vínculo es la indolencia en estas personas. La actitud indolente es clave, como también el pensamiento mágico (omnipotente) que los escuda del dolor, ya que al sujeto parece no dolerle o importarle el sufrimiento al existir una fuerte negación del problema, un mecanismo irracional o racionalizador para justificar su comportamiento («se que esta relación está mal, pero no la puedo dejar y prefiero seguir con ella»). También existe una fuerte tendencia a repetir los mismos esquemas vinculares con sucesivas parejas, sobresaliendo una especie de fobia a llevar una vida autónoma y la compulsión a la repetición de Freud, en estos hombres.
En tratamiento, muestran una actitud dependiente hacia el terapeuta a través de la postura del «dígame doctor», situación que expresa una frecuente tendencia en los codependientes a abandonar el rol paternal en los terapeutas, abandonan también los tratamientos porque esperan cambios rápidos, casi mágicos y debido a que se mantienen en la indolencia de pronto provocan en los terapeutas impotencia, situación ante la cual el terapeuta debe estar muy atento para darle el manejo adecuado
Insisto: «Toda relación amorosa que ocasiona culpa y desasosiego es pura codependencia».
** Trabajo leído en el XVI Congreso de la Federación Latinoamericana de Psicoterapia Analítica de Grupo. (FLAPAG) y X Congreso de la Asociación Mexicana de Psicoterapia de Grupo. (AMPAG.). 11-14 / Nov. / 2004. Guadalajara , Jal., México.
Contacto:
Jaime A. Castrellón Díaz, Maestría y Estudios de Doctorado en Psicología Clínica, UNAM. 1989. Analista de Grupo, AMPAG. 1997.
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