El presente artículo se centrará en el análisis de los discursos y actuaciones codependientes desde la óptica psicoanalítica, haciendo énfasis en las deficiencias en la estructuración del Yo en estas personas debido a fallas narcisísticas en la infancia, lo que configura un tipo de vinculación amorosa característico en estas personalidades. El uso del término codependencia se remonta a los años cincuenta cuando en los Estados Unidos a las esposas de los alcohólicos se les llamaba co-alcohólicas (Crothers y Warren,1996). Posteriormente en los setenta, con la proliferación de las “dependencias a sustancias químicas” el término se transforma y a las personas vinculadas en el plano emocional a los adictos se les comenzó a nombrar “codependientes”.

El o la codependiente, es aquella persona que sufre de ansiedades, tristeza, enojo, confusión mental y trastornos psicosomáticos entre otros, debido a una fuerte dependencia emocional y vida conflictiva con un enfermo adicto. Ahora bien, el padecimiento se ha extendido ya que la codependencia abarca tanto a los que se relacionan con los que usan cualquier tipo de sustancia tóxica al organismo, como a los que se vinculan con personas que presentan algunas tendencias obsesivas compulsivas al trabajo, al juego o a las compras, al sexo, a la comida y/o que tienden a relacionarse con los “adictos” a las relaciones destructivas.
Según la literatura especializada sobresalen en las personalidades codependientes:
- La presencia de disturbios emocionales expresados en fragilidad yoica, dependencia emocional y sentimientos de ansiedad, enojo y tristeza;
- Daños y heridas narcisísticas reflejadas en baja autoestima, sentimientos de vacío, temor a abandono y fuerte necesidad de reconocimiento externo. Presentan también:
- Dificultades en las relaciones interpersonales por una dificultad en marcar límites, la aceptación de conductas destructivas, de rechazo y maltrato físico y/o psicológico y por ser aferradas(os), celosas(os) y controladoras(es). (Beattie, 1990; Cantú, 1995; Kalina, 1995; Crothers y Warren,1996).
Son múltiples los autores que encuentran en el seno familiar disfuncional, los factores determinantes que predisponen el desarrollo de la conducta o personalidad codependiente. (Cermak, 1986; Cooper, 1995; Irwin, 1995; Hinkin y Kahn, 1998). Cuenta en estas familias una niñez triste en combinación con patología en el seno familiar en donde destacan: enfermedad psicológica en los padres, fuertes y continuos traumas, no laborados o elaborables, que incluyen abandonos, por ausencia o muerte de las personas significativas de la familia, separaciones múltiples, el divorcio, maltrato físico, psicológico y/o abuso sexual dentro de la familia, prácticas de crianza violentas y erráticas, problemas de uso de alcohol y drogas en sus miembros y familiares que ya padecen de y/o actúan los patrones codependientes. Asimismo, frecuentemente hallamos padres violentos y distantes, madres abandonadoras y sometidas, hecho que hace que el niño(a) no tenga de donde “agarrarse” y/o nutrirse afectivamente.
Algunas de las características de tal parentalidad adversa antes mencionada son la coerción, la impredecibilidad, la intimidación, actuaciones de dominación, sobreprotección y la indiferencia, condiciones estas que exacerban la inseguridad, el aislamiento y el miedo en el niño(a).
Al respecto, Horney (1950) plantea una temprana descripción de lo que en la actualidad es conceptualizado como codependencia. Horney identifica en los “dependientes mórbidos”, datos clínicos en donde describe que estas personas están frecuentemente “empujados a una total entrega hacia los demás”, poseen una intensa “ansia de encontrar unidad a través del fundirse con un compañero(a)” y tienden generalmente a “perderse en los otros” (Horney, 1950, pág. 157). Aclara que conductualmente estos impulsos tienden a caracterizar las actitudes parasitarias, la extrema dependencia emocional y las relaciones simbióticas en estas personas.
Cermak (1991a, 1991b) por su parte ha planteado una relación entre la codependencia y el desarrollo del narcisismo (de la autoestima). De acuerdo con este autor, ambas la codependencia y fallas en el narcisismo surgen desde la niñez temprana debido a procesos de «espejeos defectuosos: las personas narcisistas se relacionan buscando aspectos de ellos mismos en los otros. Los codependientes, también buscan relacionarse con otros para ser espejeados. En ese sentido, el origen de la codependencia y de fallas en el narcisismo, o sea, la autoestima, involucran defectos en el espejeo, en este caso, por parte de los padres, lo que ocasiona en el adulto necesidades de ser mirados(as), aceptados(as), valorados(as) y de ser “necesitados”(as) por los demás.

Pero pasemos a lo que son el discurso y las actuaciones codependientes: Es frecuente que siempre exista en estas(os) la necesidad de la búsqueda de una mirada que los complete, que les dé forma, que les nutra en su autoimagen y registros de ser mujeres u hombres. Así, frecuentemente el o la codependiente en un acto fallido.. se miran en las “miradas ciegas” del otro, quien no los ve, ya que también ellas(os) andan en la búsqueda de una figura (maternal o paternal) que les de afecto y aceptación.
Algo que es llamativo en las codependientes es la existencia de una exagerada tendencia, casi obstinada a vincularse con personalidades narcisistas y alcohólicos y adictos en general (Castrellón, 1997) o sujetos con defectos de carácter en donde destacan los orgullosos y soberbios, iracundos, lujuriosos, egoístas, resentidos y avaros. Esto lo expresa de manera muy clara una mujer quien menciona que: “yo puedo llegar a un baile atiborrado de hombres, inicialmente mirar a todos a los ojos y siempre corro el riesgo de quedarme con el más patán”.
En ese sentido, es frecuente observar en la clínica que, debido a los daños en la autoestima durante la infancia, la codependiente adulta desarrolla un mecanismo de captación inconsciente (en otras ocasiones muy consciente) de que, quien tiene una enfermedad adictiva, le puede ser una fuente ideal de estima y reconocimiento, lo cual anhela de manera importante la codependiente, apareciendo claramente anhelos de relaciones cálidas, seguras y manifestaciones en donde se observa que confunden las búsquedas de afectos en las relaciones actuales, empalmando sus abandonos y carencias tempranas en sus relaciones actuales de pareja.
Desde una perspectiva histórica, aspectos psicosociales y religiosos aquí en México determinan en mucho a las madres, hermanas, esposas y a mujeres en general, a desempeñar roles codependientes como una forma de expresar afecto. En ese sentido, una visión implícita desde lo cultural de la dinámica codependiente se refleja en la actitud vincular del macho mexicano y la conducta abnegada de la mujer mexicana. Por otro lado, en el plano familiar el prototipo de la “madre buena” o el “papá bueno”, proyectan a sus hijas(os) la figura de una mujer u hombre protectores, quienes se preocupan por el bienestar de ellas(os), creando una situación de dependencia emocional, evitando así que se alejen de ellos cuando llegan a la madurez, provocando otros de los males involucrados en la codependencia como es el de la “mamitis o papitis aguda”, tanto en hombres como en mujeres y que se traduce en exagerado apego a los padres o de igual manera, en fuertes demandas de afecto y atenciones a la pareja, a las cuales se les inviste erróneamente con imágenes, como si fueran “má- y/o pá”.
En la consulta de pareja, nos encontramos también con que él o la esposo(a), el o la amante, el o la novio(a) viven a expensas de lo que piensa y desea el otro, dan y hacen todo lo que el otro quiere, al estar sobreinvolucradas(os) o indiferenciadas(os) con las necesidades, deseos, pensamientos y actos del otro miembro de la pareja. Es común que consuman una gran cantidad de energía en conservar esas relaciones, aunque el costo sea muy alto. Quien sufre esta enfermedad tiene un gran miedo al abandono, a la ruptura y a las separaciones, por eso muchas veces buscan “alguien más necesitado” que él o ella a quien cuidar, reasegurándose así el que no las(os) abandonarán y las(os) valorarán por su rol.En ese sentido, tienen la necesidad imperiosa de ser necesitados y en el fondo lo que se encuentra es el demonio de la baja autoestima en estas personas.
En las relaciones de pareja en donde aparece la infidelidad, el “enganche” es codependiente y se observa en los miembros que uno es el adicto (a las relaciones sexuales o a las relaciones destructivas) y el otro el codependiente. En ese sentido, frecuentemente la codependiente piensa: “si yo fuera mejor esposa, mejor ama de casa o madre, él no tendría necesidad de otra” y van “a escondidas” a conocer “a la otra” para aclarar que atributos tiene “esa” (la otra), buscando cualidades que siente que ellas no poseen. Expresan frecuentemente que: “si no fuera por mis hijos, ya me hubiera salido de la relación”, catalogándose(les) entonces como sacrificadas y aguantadoras.

En lo emocional, el o la codependiente sufre de constantes crisis de desintoxicaciones fallidas a través de sus enojos, los cuales tienen una acción antidepresiva o anti ansiógena momentánea, también levantan “barreras” a través de la amenaza (del “me suicido” o del “me voy”), o el silencio, de esta forma no permiten la negociación y se empecinan en el control. Frecuentemente se acompañan de dolores de cabeza, dificultades para concentrarse, insomnio, alteraciones en el apetito, en el deseo sexual y de trastornos gastrointestinales. También son frecuentes los accidentes de todo tipo con lastimaduras graves e incapacidades y deseos de que el otro cuide y rescate en el fondo. Las cirugías y largas jornadas de gimnasio para embellecimiento y así agradar a la pareja son muy frecuentes en estas personas.
En el ámbito de las oficinas, existen las personas codependientes que se angustian y se sienten culpables por tener que despedir a un subalterno que ha venido faltando a su trabajo por problemas con drogas. Son los que trabajan arduamente y están subpagados, son los que les sacan el trabajo a los compañeros por no poder decir “no” a un jefe desorganizado. Son los “muy dadores”, personas que consistentemente dan más de lo que reciben y navegan con la bandera de víctimas o de paño de lágrimas de las(os) sufridas(os) y necesitadas(os).
En las consultas de cualquier tipo, se encuentran también los profesionistas con manejos desde sus propios rasgos codependientes. Estos no pueden “parar” a las personas que demandan atención en cualquier momento, o a las que desean que se les resuelva su situación desde el teléfono o en una sola sesión o a quienes hacia el final de la sesión con sus quejas y malestares impiden el cierre de esta. Es común que se dé la situación en donde él o la codependiente quien se ha encargado de dar: regalos caros a la pareja, pagar las “salidas” (comidas, bebidas y hasta el hotel), sostienen la casa y la crianza de los hijos como maniobras codependientes, no deseen pagar el costo de los honorarios de su psicoterapeuta.
Lo que se observa clínicamente es que el codependiente se mantiene en una ilusión de control, aunque generalmente su vida es ingobernable. En ese sentido, es necesario tener cuidado al tocar a las figuras objeto de su vínculo codependiente. En muchas ocasiones al primer movimiento para trabajar la relación codependiente, estos se “pelean” con el terapeuta y/o con los miembros del grupo y frecuentemente hasta abandonan el tratamiento, como una forma de preservar sus “ataduras” codependientes.

Es oportuno mencionar que, para poder superar la codependencia, el primer paso para salir de la enfermedad es reconocerla, en ese sentido, en el proceso de recuperación es necesario lidiar con los resentimientos a través del perdón y así sanar de las experiencias dolorosas debido a las propias necesidades y tendencia a la dependencia extrema (mórbidas) en ellas(os). La persona tendría que entender que a la única persona que uno puede controlar es a sí misma, tendría que vivir y dejar vivir con actos de desapego hacia el otro, lo que daría paso al poder ir abandonando la dinámica de víctima-victimario, en ese sentido las líneas de interpretación laborarían en que la persona pueda manejar sus ansiedades de separación, pérdida, abandono o de fracaso relacional.
También desde la contención derivada del tratamiento psicoterapéutico se promoverá: la reestructuración del Yo débil a través de la función de espejo del terapeuta el cual favorecerá actuaciones de autoafirmación e individuación en él o la persona codependiente, estimulando también la capacidad de negociar los conflictos, el autocontrol emocional y no tomar los problemas o las diferencias de modo personal, (desde su baja autoestima ), haciéndole consciente que el vincularse desde los fuertes deseos de dependencia son el reflejo de inmadurez emocional asociada a sus vivencias de maltrato, abandono y pérdidas infantiles.
También es necesario saber encarar a otros miembros codependientes del círculo familiar que “apapachan” las adicciones (madres, abuelas(os), tías(os), hermanas(os)). Habría que combatir los argumentos favoritos, (casi míticos) de que: “al dejarse la droga se sufre mucho”; o que: “se padece mucha culpa y ansiedad por el desapego hacia el adicto” y que a este: “le puede pasar algo” y por eso no se emprende el cambio o se tienen frecuentemente las recaídas en los intentos de recuperación. Hay que tener presente que un cambio en un miembro de la pareja puede provocar cambios en la otra parte. Si su pareja o familiar no busca ayuda, muévase usted a buscar las alternativas. Es útil mencionar que la psicoterapia, los grupos de apoyo Codependientes Anónimos (CODA) y los libros de autoayuda pueden ser buenos medios para iniciar y avanzar hacia la recuperación.
Podríamos concluir a modo de discusión que el Trastorno de Personalidad Codependiente en donde se destaca la tendencia a depender emocionalmente del otro, tiene sus antecedentes en situaciones traumáticas infantiles que afectaron de manera importante el narcisismo (o sea, la autoestima) de la persona. También, que los estilos relacionales codependientes varían en intensidad y grado, o sea, de un cierto patrón o conducta disfuncional, pasando por una variedad de rasgos codependientes, hasta el propio disturbio o trastorno codependiente que se reflejan en factores emocionales (debilitamiento en el “yo”), disfunción familiar (parentalidad adversa) y por aspectos culturales (asimilación y aprendizaje de valores y roles codependientes), entre otros.
La codependencia está determinada por un debilitamiento yoico (o sea, emocional) y se asocia a disturbios en la identidad y en la capacidad de intimidad, en ese sentido, las descripciones clínicas anteriores apuntan a señalar que las conductas codependientes tienden a ocurrir cuando las personas pierden el sentido de sí mismas y actúan conforme a las necesidades y deseos del otro, esto como una forma de ganar aprecio y evitar conflictos, todo lo cual las(os) expone al riesgo de relaciones desventajosas y de maltrato psicológico para ellas(os).
También, cada vez se observa con mayor frecuencia que el estilo vincular codependiente no sólo pertenece al ámbito de las adicciones, sino que se asocia a fallas comunes en la capacidad de intimidad en las parejas modernas y a dificultades relacionales desde las diferencias de género.
*Trabajo leído en el XV Congreso de la Federación Latinoamericana de Psicoterapia Analítica de grupo. (FLAPAG.) y IX Congreso de la Asociación Mexicana de Psicoterapia Analítica de Grupo (AMPAG.). 17-19, Octubre 2002. Zacatecas, Zac.. México.
Bibliografía
Beattie, M. (1990) “Ya no seas codependiente”. Ed. Promexa. México.
Beattie, M (2012), “Guía de los doce pasos para codependientes”. Ed. Nueva Imagen.
Castrellón, J. (2002) “Discurso y actuaciones codependientes”. en Memorias del XV Congreso de la Federación Latinoamericana de Psicoterapia Analítica de Grupo (FLAPAG.) y IX Congreso de la Asociación Mexicana de Psicoterapia Analítica Grupo (AMPAG.), pág(s). 128-133, Zacatecas, Zac. México.
Contacto:
Jaime A. Castrellón Díaz, Maestría y Estudios de Doctorado en Psicología Clínica, UNAM. 1989. Analista de Grupo, AMPAG. 1997.
Dirección: Ave. Ciudad Universitaria # 286, Del. Álvaro Obregón. CP. 01900, CDMX.
e-mail: jcastrellond@gmail.com Cel.: 55 5412 2484
